Panel Sobre Violaciones al Derecho al Agua, Utilidades, Alimento y a Otras Necesidades Basicas

Nikki McLean Nikki McLean
Portland Organizando Para Ganar Los Derechas Económicos
Portland, Maine

Mi nombre es Nikki McLean. Tengo 60 años y soy de Portland, Maine, donde he sido miembro activo de la POWER por más de cinco años. Podría llenar un libro con todas las violaciones a los derechos económicos que he vivido, y eso todavía no lo diría todo. Pero estoy aquí hoy para atestiguar sobre los derechos a las utilidades básicas.

Soy una madre soltera con cuatro niños, y no importa que duro trabajo
porque siempre seguimos siendo pobres. Si yo puedo mantenernos con
vivienda nos consideramos afortunados. Siempre hago juegos malabares,
pagando una cuenta un mes y a otra el siguiente. Pero había siempre
más cuentas que el dinero, y repetidamente, nos cortaron los servicios
basicos. No puedo contar cuántas veces hemos perdido las luces, el
gas, o el teléfono. O cuántas veces no teníamos ningún calor o agua
caliente por falta de combustible de calefaccion.

Ahora vivo en Maine y hace un frío maldito en el invierno, a veces
bien debajo de cero. No tener calor es como una forma de tortura. No
importa cuantos abrigos te pones, no puedes sacudir al frío. Tus
huesos duelen y siempre estás enfermo. Condensación hasta logra
hacerse hielo sobre las paredes. Las cosas como el aceite de cocina y
jabón y crema dental se congelan. El agua del tocador se hace hielo.
El hielo a veces causa rotura de las pipas. Pero de donde vengo, el
vivir sin calor es todo demasiado común. De hecho, cualquier miembro
de la delegación de nuestro grupo puede decirte como es, porque todos
hemos pasado por esa experiencia.

He tenido que ir muchisimas veces a la alcaldia o a la Ayuda General
para rogarles que me consigan a cualquier ayuda. Hacen que tú
demuestres todas tus cuentas  y los recibos para todo. Te ayudan a
veces y otras veces no. De toda manera actúan como si estás tomando el
dinero de sus propios bolsillos, y te tratan con despecho como si eres
más bajo que suciedad.

Una vez cuando mis hijos estaban jóvenes, nos quedamos sin aceite de
calefaccion y la ciudad no nos ayudo. Las cosas entonces se pusieron
verdaderamente dificiles. Era pleno invierno, y mis hijos y yo nos
estabamos congelándo. Nos movimos a la cocina, y en intentar a
mantenernos caliente encendimos el horno. Éste resultó ser un gran
error. Los humos del gas no me afectaron a mi o a mis dos niños. Pero
mi Benny nació prematuro, y sus pulmones no se desarrollaron
completamente. No realicé que esos humos lo estaban matando, hasta una
noche durante una terrible tormenta de nieve, él paro de respirar.
Casi lo perdí.

Me aterrorize. El teléfono habia sido cortado, así que tuvimos que
correr hacia fuera en la calle y gritar por ayuda. Los vecinos
llamaron una ambulancia, pero en el medio de una mala tormenta de
nieve nadie vendría por nosotros, nI siquiera la policía. Entonces por
la gracia de Dios alguien en un taxi oyó lo qué sucedía sobre la
radio-escaner y le dijo a otro conductor que nos viniera a recoger.
Era prácticamente un milagro. Incluso no tenía dinero para pagar el
taxi, pero el conductor tenía buen corazón y nos tomó de todos modos.
Conseguimos llevar a Benny al hospital justo a tiempo.

Entonces, mientras que estábamos en la lista de espera para vivienda
pública, tuvimos que permanecer en un lugar detestable.  Al principio
parecía bastante decente, es decir, hasta que vino el invierno.
Calefaccion era supuesto ser incluido en el alquiler, pero resultó que
la hoguera del apartamento no estaba conectada. Para ese punto ya
estaba demasiado cansada para arriesgar mudarnos otra vez y arriesgar
estar sin hogar. Permanecímos alli. Cada invierno prendiamos las
hornillas en la estufa y formabamos grupo alrededor de él para
mantenernos caliente. Podías dibujar cuadros en el hielo en las
paredes. Las pipas se congelaban y nos quedabamos sin agua corriente.
Una vez las pipas estallaron y derramaron agua y aguas sucias por todo
el lugar. Era terrible.

Cuando finalmente conseguimos vivienda pública, luego de diez años en
la lista de espera, y tras de todo lo que nosotros habiamos aguantado,
me sentí como que habia ganado la lotería.

En este país rico, es inhumano que cualquier persona tenga que vivir
de esta manera. No hay razón. Todo lo que necesitamos es nada mas lo
basico para vivir decente, como seres humanos. Me pone enferma pensar
que mi gobierno gasta miles de millones en bombardear otros países
pero no puede gastar ni una moneda de diez centavos para evitar que su
gente se congele en los inviernos. Y no dejaré que mantengan este
proceso.  Mientras haya vida en este cuerpo, yo voy a luchar por
nuestros derechos.