Panel Sobre Violaciones al Derecho a la Educacion

Rocco Rosanio por Chucky Saez Charles Anderson
Veteranos de la Guerra in Irak contra la Guerra

Como niño aprendí de la importancia de una educación universitaria desde muy joven, observando a mi madre mientrás pasó por la universisdad desde hasta su doctorado. Algunas de mis tempranas memorias más amables son de hacer mis tareas en la mesa de la cocina mientras mi mamá hizo las suyas. En mi último año de la secundaria, sabía que quería asistir a la universidad y seguir al posgraduado. Mi familia no tenía dinero para aportar a la matriculación y no quise tener la deuda estudiantil que mi mamá había acumulado. También sabíe que la secundaria solo me preparaba a ir a la universidad y no proveía ningunas habilidades de trabajo que pudieran proporcionar un ingreso mientras estudiaba. En octubre, empecé a hablar con un reclutador de la Armada que me convenció que la Armada era la solución a todos mis problemas. Me dijo que podía recibir US$30,000 para la universidad, capacitación para el trabajo, y la experiencia de vida que me haría un buen candidato cuando saliera. Me había criado en una cultura que es fascinada con el militarismo. Miré las películas de guerra, jugé a la guerra en el bosque, y leí las memorias de Viet Nam y la Segunda Guerra Mundial. Al final, creí que no solo la Armada pudo proveer por todas mis necesidades, sino también yo pude proveer un servicio valioso para mi país. No me di cuenta de que el servicio en tiempo de guerra involucraría el sacrificio de todos los valores que tesoraba. Llegué a mi primer comando en la primavera del 1997 y empecé a tomar clases lo más rápido posible. Trés años después, cuando me transferí a la segunda división marinera en el Camp Lejeune, Carolina del Norte, había completado menos de un año de la universidad. Podía asistir menos clases todavía con la Marina porque siempre estaba en el campo o desplegado. Hasta este punto, pensaba poco en las implicaciones morales del ejército. Éste cambió durante un despliegue al Mar Mediterráneo en la primavera del 2001. Durante una operación del campo, tuve la oportunidad de ver los efectos de las Guerras Balkanas en una pequeña aldea. Después de regresar a casa, decidí que debía irme del ejército. Sin embargo, ahora mi esposa estaba embarasada y me di cuenta que no podía pagar el $5,000 que cuesta un parto sin complicaciones. También me di cuenta que mi capacitacion militar no me ayudó a buscar empleo. Sentí que no tenía otra opción menos registrarme de nuevo por las fuerzas armadas. El otro año, mi unidad se envió a Irak. Soy yo uno del treinta por ciento de los veteranos de la guerra en Irak que sufre por los efectors psicológicos de la guerra. Tengo la diagnósis del Estrés Postraumático, una condición que puede ser permanente. Me vieron inadecuado para el servicio y me descargaron del Servicio de la Armanda en el marzo del 2005. Desde que me descargaron, he usado mis derechos de veterano (del GI Bill) y he asistido la universidad comunitaria. Casi nueve años después de que empecé mi carrera, he acumulado solo la mitad de los créditos necesarios para completarla. Y más, el GI Bill me permite menos asistencia financiera que los demás estudiantes. He tenido que sacar un préstamo estudiantil y se puede decir que he tenido suerte porque recibo una pensión del gobierno. La mayoría de las personas separándose del ejército no tienen este lujo. Es verdad que los hombres y las mujeres que se unen con nuestras fuerzas armadas lo hacen voluntariamente, pero hasta cierto punto. Cuando los jovenes de nuestra nación tienen que escoger entre los campos de guerra en Irak y la incapacidad de cuidar a sus familias, hay una conscripción forzada económica. Cuando los jovenes de mi nación no pueden encontrar la manera de asistir a la universidad menos a través de los campos de guerra en Irak, hay una conscripción forzada económica. La educación, la salud, y el empleo no son lujos para darse a un élite y buscarse por las masas. La educación, la salud, y el empleo son derechos humanos. Le agradezco a usted por la oportunidad de estar aquí hoy a compartir mi testimonio. Espero que las futuras generaciones no tendrán que sacrificar su humanidad, como hice yo, por un empleo y una educación.